miércoles, 13 de mayo de 2020

YOGA Y RESPIRACIÓN


Según el yoga, y en concreto la ciencia de la respiración denominada en sánscrito svarodaya, la respiración es el nexo entre el cuerpo y la mente. El aliento guarda una relación estrecha con la energía vital. Cuando alguien muere y la energía vital se acaba, decimos que esa persona ha expirado. Por otra parte, si alguien experimenta un aumento de energía mental y de creatividad, decimos que dicha persona está inspirada.

En el yoga se ve al hombre como un ser con muchos planos diferenciados de existencia: el plano físico, el plano mental y un tercer plano que está más allá de la mente. Mente y cuerpo no se relacionan directamente, sino que se conectan a través de un estado intermedio de funcionamiento. Este nivel intermedio guarda relación directa con la energía, el prana. Prana es el vínculo entre psique y soma “vital” porque la energía es la base de la vida y de la vitalidad. Nada más morir un ser, la energía se escapa; el cuerpo permanece, pero la energía, junto con su último aliento lo abandona. La respiración es el vehículo del prana. El flujo respiratorio contribuye a determinar el flujo de energía que sustenta el cuerpo físico.


La importancia de la respiración se extiende más allá de las funciones metabólicas (respiración celular, la cuál aporta a cada una célula de un organismo el oxígeno necesario para producir energía): existe una relación entre las emociones y la respiración, ya que los estados de emoción intensa parecen estar asociados a cambios en el proceso respiratorio ( por ejemplo el sollozo acongojado o respiración temblorosa provocada por la ira). De la misma forma que un estado psicomental/emocional genera un específico rimo respiratorio, un específico ritmo respiratorio provoca un determinado estado psicomental/emocional. Equilibrar el flujo respiratorio calma la mente y ayuda a conseguir estados de meditación profunda. La terapia respiratoria ayuda a interrumpir y controlar patrones de respuesta emocional no deseados.

La respiración es la única función física tanto involuntaria (por ser una actividad refleja) como voluntaria (podemos controlarla conscientemente). La enorme transcendencia de una idea tan simple resultaba obvia para los yoguis de la India: la respiración es la clave que nos permite controlar el sistema nervioso autónomo, la parte de nuestro funcionamiento que, según las enseñanzas occidentales, está más allá de nuestra conciencia y se desarrolla de manera totalmente instintiva.

Si nos ponemos a trabajar la respiración deliberadamente (ejercicios de pranayama), notaremos cambios no solamente a nivel psicomental/emocional, sino también en el funcionamiento del cuerpo físico e incluso, en algunos caso, en su aspecto, dado que el tejido físico cristaliza alrededor de un campo de energía subyacente. Quien haya aprendido a controlar el prana, sabrá controlar las energías de este universo.

 Y una reflexión más: todos los seres vivos respiramos el mismo aire, estamos unidos a través de él. En algún momento respiraremos las mismas moléculas de oxígeno que un árbol, una ballena, nuestro vecino o nuestra tatarabuela. Somos uno.

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