Este mes conmemoramos el día contra la violencia de género. Me gustaría ampliar el concepto y erradicar la violencia de todo tipo. Porque como dice Pamela Palenciano, no sólo duelen los golpes...las palabras pueden herir mucho también…
Os quiero presentar la herramienta de la comunicación no violenta (CNV) o comunicación empática. Es un modelo desarrollado por el psicólogo estadounidense Marshall Rosenberg (1934- 2015) que busca la empatía, la sinceridad, la claridad y la eficacia en la comunicación. Persigue mejorar la calidad de las interacciones y fomenta una comunicación más empática contigo mismo y con los demás. Tiene mucho que ver con la asertividad, pero no sólo va dirigida hacia la otra personas, sino también hacia nosotras mismas.
Comunicación no violenta es aquella en la que el lenguaje empleado no hiere ni ofende ni a los demás ni a nosotros mismos. Según Rosenberg la “violencia es la expresión trágica de necesidades no satisfechas. Es la manifestación de la impotencia y o la desesperación de alguien que se encuentra tan desprotegido que piensa que sus palabras no bastan para hacerse entender. Entonces ataca, grita, agrede”.
Este modelo, que comparte conceptos usados en mediación y resolución de conflictos, destaca que el uso que hacemos de las palabras puede ayudarnos a conectar con nosotros mismos y con los demás de manera compasiva. Esto nos permite, en un nivel más profundo, reestructurar nuestra manera de expresarnos y de pensar para ampliar nuestra propia comprensión y construir relaciones más efectivas y armónicas.
Cuando estás en conflicto con alguien, pregúntate:
¿Qué prefiero, tener razón o ser feliz? Las dos cosas a la vez a veces no son posibles.
Con la CNV buscamos la mejor manera de satisfacer nuestras necesidades y vivir en
armonía con los demás.
Para ello propone un proceso que consta de cuatro pasos:
1. Observamos los actos concretos que están afectando a nuestro bienestar.
2. Identificamos nuestros sentimientos en relación con lo que observamos.
3. Identificamos las necesidades no satisfechas que originan esos sentimientos.
4. Pedimos claramente a la otra persona lo que nos gustaría que hiciese.
No se trata de ganar las batallas, a veces la otra persona no va a hacer lo que le pedimos, pero por lo menos nosotras nos haremos aclarado para nosotras mismas, que es lo ue nos molesta, como nos hace sentir y lo habremos comunicado a la otra personas de una manera tranquila y asertiva. Y eso en sí ya nos ahorra mucho estrés, malentendidos y nos ayudará a volver a un estado de tranquilidad mucho antes de que si nos enzarzamos en discusiones.
Si estáis interesados en organizar un taller sobre la CNV, contactad con nuestro equipo (contacto al pie de la página) y lo planificamos.

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